Lucía Torregrosa Palop

Han pasado ya once años y parece que fue ayer. El 2003 significó mucho para mí y los míos, ya que llevamos toda la vida vinculados al mundo fallero. Si el año de fallera mayor ya fue bonito, el año de corte no lo fue menos y puso el broche a un sueño hecho realidad. Realidad junto a doce compañeras que luego se han convertido en grandes amigas.

Todo empezó al salir elegida del sector y después al oír mi nombre en el velódromo. No me lo podía creer. Era una de las privilegiadas que aquel 19 de octubre había sido tocada por la varita mágica y en ese momento te invaden mil sensaciones (alegría, nervios, tensión, emoción…). Ahí comenzó un año único.

Resaltaría muchos actos pero esto se haría larguísimo así que me quedaré con la subida por la escalera del ayuntamiento el día de la proclamación, el Palau engalanado el día de la exaltación, el himno de la Crida con la banda municipal de fondo mientras cantas junto a miles de falleros que mueven sus estandartes al ritmo de la música, la sorpresa que me dio mi comisión, la ofrenda de flores, las mascletás y todos los momentos vividos en la informalidad con las personas que nos cuidaban y formaban JCF. Una gran familia.

Vives las fallas desde una perspectiva diferente y el cariño de la gente es tan grande que recordarlo hoy aún me emociona.

En definitiva, me siento muy orgullosa de ser parte de la historia de las fallas.

Lucía Torregrosa Palop

Corte de Honor de la Fallera Mayor de Valencia 2003